
Evangelio según San Lucas:
Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le preguntó a su vez: « ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella? ».
Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: « ¿Y quién es mi prójimo? ».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver"
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».
(Lucas 10, 25-37.)
Sustituyan al sacerdote o al levita por
D. Ignacio Munilla y al judío apaleado por las
víctimas de Haití, y tendrán la parábola actualizada.
Munilla pasa por delante del judío apaleado y lo ignora, (como mucho encarga a “los fieles” y a Cáritas que se encarguen de él) y sigue su camino a Jerusalén.
Podríamos pensar que esa actitud se debía a una pobre compasión y a una indiferencia al dolor, pero el significado va más allá. Nos lo ha aclarado el “ínclito” en su
comunicado de aclaración que recogen hoy los medios de comunicación.
Es muy probable que ambos clérigos, al igual que Munilla, fueran rumbo a Jerusalén a oficiar en el Templo, en el caso del obispo a hacer “teología”.
Aquí debemos recordar que la ley judía establecía en aquellos tiempos que quien tocara un cadáver ensangrentado quedaría impuro hasta la noche y obviamente alguien impuro no podía participar de los rituales religiosos. Por esta razón, podemos afirmar que la actitud del sacerdote y el levita (Munilla), no es de impiedad ni de crueldad, sino que anteponen formalismos rituales a la misericordia y el perdón.
Según D. Ignacio, desde un punto de vista teológico,
“el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna”.
¡Por fin llegamos al “meollo” de la cuestión! ¡Saltó la liebre!Este planteamiento de la “teología cristiana”, por cierto no compartido por muchísimos teólogos cristianos y católicos, de que lo que importa es la “otra vida” y que no importan las desgracias y sufrimientos que padezcamos en esta, si las ofrecemos a Dios, porque Él nos lo recompensará concediéndonos la gracia y su contemplación eterna tras nuestra muerte, está llevando a determinados elementos de la jerarquía católica a mantener barbaridades sin tino.
Que tu “
esposo” te maltrata de palabra o de obra,
aguanta que lo importante es que el sacramento del matrimonio es para toda la vida, y ofrece tu sufrimiento a Dios, que Él sabrá recompensarlo en la “otra” vida.
Que te
violan y te quedas embarazada,
no abortes que es pecado (y ellos además quieren que sea delito y vayas a la cárcel), ofrece a Dios tus sufrimientos y alcanzarás la “vida eterna”.
Que un “
dictador”, eso sí,
muy católico y de comunión diaria, te sojuzga, explota los recursos de tú país y te mantiene en la más absoluta de las indigencias, no importa, sufre en silencio, no te reveles ante la autoridad, que al fin y al cabo, lo es “
por la gracia de Dios” y entrarás en el Reino de los Cielos.
Que un terremoto destruye un país, el más pobre del hemisferio occidental, y mata a cientos de miles de personas, no preocuparse demasiado;
es mucho más grave la mala situación espiritual de España, y la persecución que sufre la Iglesia Católica en nuestro país por parte del gobierno ¿? y de algunos medios de comunicación.
Que se “legaliza” el aborto, los hombres tendrán mucho más fácil abusar de las mujeres, porque el sexo se banaliza y se facilita. (
Obispo de Granada,
dixit).
Que según afirman todas las agencias internacionales y ONGs del mundo, incluidas muchas de la iglesia católica, el SIDA es un problema que está matando a millones de africanos y la única medida eficaz es el uso del condón, mentira; según D. Ignacio Munilla, se contagian muchos más en Europa, por culpa de las facilidades para la práctica del sexo entre adolescentes y porque el condón no es un remedio eficaz (
Benidictus XVI,
dixit)
Resumiendo D. Ignacio:
¡cállese! Todos oímos sus palabras en la
SER, y dijo lo que dijo. Y cuando ha intentado arreglarlo, por cierto impresionante su imagen con la “pectoral” que le han regalado en Palencia, lo ha puesto peor, porque ha puesto de manifiesto lo que Jesucristo quiere denunciar en la parábola que inicia este comentario:
que muchos jerarcas de la Iglesia católica anteponen, como hacen el sacerdote y el levita, la letra de la ley, al espíritu de la misma, y olvidan con facilidad el “amar al prójimo como a ti mismo”