
Vaya por delante el derecho
indiscutible que tiene el ciudadano y militante socialista Alfonso Guerra a
expresar sus opiniones dónde y cómo él crea más conveniente ¡Faltaría más!
Ahora bien, el compañero Alfonso, que lo ha sido todo y ha ostentado el mayor
poder que nadie pueda imaginar en el PSOE, debería de tener un poco más cuidado
con lo que escribe, y cuándo lo escribe. Y sobre todo, no debería, para
argumentar su relato, falsear la realidad social y política de esa España en la
que él dice creer, olvidando, no sé si intencionadamente o por efecto de la
edad, los logros conseguidos por un gobierno de coalición, presidido –no lo
olvides querido Alfonso- por nuestro Secretario General Pedro Sánchez. Por
cierto, un secretario general elegido por primera vez en unas primarias por la
militancia. ¿Alguien se puede imaginar lo que hubiera pasado si un afiliado escribe
y publica un artículo similar al que estoy comentando, cuando Alfonso Guerra lo
era todo en el Partido?
Pero lo que no es de recibo es
que el compañero se olvide de los avances sociales y económicos, y de la
ampliación de libertades logradas gracias a la acción política de este Gobierno
de coalición. Mala memoria tiene el compañero si ya no recuerda los ERTES y las
ayudas a los autónomos durante la pandemia; o las leyes que han consolidado y
ampliado derechos como el aborto, la eutanasia, la ley trans o la de libertad sexual; o las leyes que protegen y mejoran
la situación de los y las trabajadoras, como la reforma laboral, la subida del
salario mínimo interprofesional, la subida y la reforma del sistema de
pensiones. Muchas de ellas pactadas con los sindicatos y con la furibunda
oposición de la derecha y la patronal.
No puedo entender que, quien fue
vicepresidente de varios gobiernos del PSOE y activo participante en la
elaboración de la Constitución del 78, pretenda que es una traición a esa
constitución tomar decisiones políticas y legislar dentro del marco
constitucional, para conseguir que los secesionistas se alejen de las posturas
independentistas y participen de nuevo en la gobernabilidad desde el
Parlamento, con la legitimidad que les dan los votos que los han llevado allí.
Acaso, con esa falta de memoria que demuestra el compañero Alfonso, se ha
olvidado cuando les repetía una y otra vez a los que usaban la violencia que,
solo desde el diálogo y la negociación, era posible el entendimiento.
Pero cuando mi asombro y
decepción llegan a su máximo nivel es cuando me entero que, según él, el PSOE
“ha renunciado al socialismo liberal en el que se había apoyado durante toda su
historia”. Yo siempre creí, principalmente escuchándole a él, que militaba en
un partido que representaba la socialdemocracia pura heredada de Pablo Iglesias
Pose.
Y todo esto, lo ha escrito y
publicado a dos meses de unas elecciones municipales y autonómicas. Creo que
alguna pista sobre lo estrambótico de tu postura actual, te lo debería dar el
que has pasado de ser uno de los políticos más odiado por la derecha de este
país en los años ochenta, a ser alabado y jaleado por esos mismos. ¡Qué pena,
compañero!
Quiero terminar con unas palabras
de José María Maravall, que expresan lo que siento mucho mejor que lo haría yo
mismo:
"En este punto del camino, con la ventaja que da la perspectiva y
la vida acumulada, creo que las etapas de gobiernos socialistas en España han
supuesto para el país la mejor inyección de progreso, bienestar, modernidad y europeísmo,
que jamás hubiéramos imaginado a fines de los años setenta. Participé en esos
cambios perteneciendo a los gobiernos de Felipe González. [En mi caso como Diputado en el Congreso]. Asistí a la expectación
que levantaron los nuevos aires y las políticas de Zapatero. Y presencio con
orgullo ciudadano la tarea actual del presidente Pedro Sánchez, quien de nuevo
está profundizando la democracia española a través de políticas
socialdemócratas que están teniendo una considerable repercusión
internacional."