Hoy se hace público un sondeo de la empresa Metroscopia para EL PAÍS que , aunque sobre una muestra de 600 individuos y con un margen de error para datos globales de 4,1 puntos, creo que merecería la pena que analizáramos.
Una primera apreciación es que los ciudadanos valoran más a quien da la cara que al que se oculta y escaquea. Me explico.
A pesar de que el 43% de los ciudadanos piensa que el "rescate" de la banca española es negativo (46% que es positivo) y que el 46% piensa que el coste del mismo va a terminar siendo pagado por el Estado, es decir todos y todas, frente a solo un 10% que piensa que lo van a pagar los bancos, un 43% de los encuestados opina que Luis de Guindos, ministro de Economía, lo ha hecho bien o muy bien en este proceso.
Es decir que, a pesar de los pesares, el que da la cara la salva.
Porque esos mismos encuestados opinan mayoritariamente (47%) que nuestro ilustre presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy, el máximo responsable de cualquier acción del Gobierno y que desapareció durante las horas clave del proceso, actuó mal o muy mal, frente a un 40% que piensa que lo hizo bien o muy bien.
Este mismo sondeo también ha preguntado sobre el papel del líder del PSOE y Secretario General de mi partido, Alfredo Pérez Rubalcaba, en este enrevesado asunto del "rescate". Y esta opinión si que me afecta y me importa, y creo que debería hacer pensar a los dirigentes y a los afiliados del PSOE.
Y es que nada más y nada menos que el 54% de los preguntados piensa que ante este asunto concreto, Pérez Rubalcaba ha actuado mal o muy mal; solamente el 25% opina que lo ha hecho bien o muy bien; y el 12% regular.
Y mientras los ciudadanos piensan esto, nosotros ¿qué hacemos? Reelegir a los mismos que nos han llevado a la mayor derrota electoral de nuestra reciente historia. Continuar echando la culpa de la misma a la crisis. Seguir con el mismo discurso ambiguo e indefinido.
En definitiva, dejarnos llevar al desastre total por aquellos que piensan que lo mejor es aguantar, porque tienen el puesto asegurado. Es decir, que "ande yo caliente, riáse la gente".
A este paso, tarderemos muchos, muchos años, en recuperarnos como referente de la izquierda de este país, si es que algún día lo hacemos, y mientras tanto no surge una opción populista y de extrema derecha que aglutine el descontento de amplias capas de la sociedad, como ya se vislumbra en algunos países de nuestro entorno.
Nuestros actuales dirigentes, a casi todos los niveles, han perdido ante la ciudadanía su legitimidad. Y de poco o nada nos servirá pensar que el tiempo hará que la recuperen.
Necesitamos de manera urgente un nuevo proyecto, un nuevo discurso y unos nuevos dirigentes.