
“Los Juegos Olímpicos de Pekín provocaron un aumento de la represión en todo el país, al endurecer las autoridades el control sobre defensores y defensoras de los derechos humanos, practicantes de diversas religiones, minorías étnicas, profesionales de la abogacía y periodistas. Tras las protestas y los disturbios que comenzaron en marzo en Lhasa, en un primer momento el gobierno detuvo a más de un millar de personas. Al finalizar el año, centenares de ellas continuaban recluidas o en paradero desconocido. Las autoridades utilizaron una serie de incidentes violentos presuntamente vinculados a terroristas para iniciar una amplia represión contra la población uigur en la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang. La tortura y otros malos tratos continuaban siendo prácticas generalizadas. Las autoridades mantenían un férreo control sobre la difusión de información, bloquearon el acceso a numerosos sitios web, y hostigaron y encarcelaron a periodistas y cibernautas por la expresión pacífica de sus ideas. Además, durante el periodo previo a los Juegos Olímpicos utilizaron con mayor frecuencia formas punitivas de detención administrativa, especialmente a través del sistema de «reeducación por el trabajo», para silenciar las voces críticas.”
Los Derechos Humano en la República Popular China. Informe año 2009 de Amnistía Internacional.
Con el párrafo anterior, comienza el Informe del año 2009 sobre la situación de los Derechos Humanos en China del Amnistía Internacional (AI). Algunos datos más concretos de dicho informe son:
Libertad de expresión y religión. Miles de personas son detenidas y condenadas cada año por ejercer el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de religión. Un dato que refleja esta realidad es el aumento de controles gubernamentales a las ONG y a los medios de comunicación, incluido Internet.
Reubicación forzosa de comunidades enteras con el fin de obtener terreno para la realización de obras públicas, como: las Tres Gargantas, las instalaciones olímpicas en Beijing. El derribo de los ancestrales Hutongs en pleno centro de la capital china es el ejemplo que refleja esta reubicación forzosa.
Procedimientos judiciales. Existe un vacío en los derechos de los detenidos, sobretodo, durante el proceso de detención, juicio y sentencia. No existe protección y ley que vele por los derechos del detenido, tampoco hay independencia entre el poder judicial, legislativo y ejecutivo. Continúa la práctica de detenciones con cargos vagamente definidos y carecientes de supervisiones judiciales, en los cuales se aplica la fórmula de ‘reeducación por el trabajo’.
Abusos y tortura contra los prisioneros tanto en las cárceles como en los campos de trabajo.
Pena de muerte. Sigue vigente, se calcula que alrededor de 10.000 personas son ejecutadas al año. También, se han registrado casos de castigos capitales, a pesar de que la ley internacional dictamina que la ejecución pública es una violación de la dignidad humana.
Recolección de órganos de prisioneros condenados para trasplantes. La necesidad de órganos para trasplantes conlleva a la realización de procesos judiciales ilícitos o abusivos.
Acatamiento de prácticas abortivas y esterilización como prácticas de planificación familiar, llevadas a cabo por oficiales locales.
Abusos laborales. La ley de los trabajadores chinos les prohíbe formar organizaciones independientes y no recoge la protección del derecho a la huelga. Existe una organización que representa legalmente a los trabajadores, ‘Federación China de Sindicatos’ (ACFTU), pero sus oficiales están controlados por las autoridades locales y los comités del PCCh.
Minorías. Existe marginalización, exclusión, control y desatención de las minorías étnicas. AI, además, denuncia que China utiliza el terrorismo de Estado contra la comunidad de los Uigur en nombre de la lucha contra el terrorismo internacional. La organización critica que decenas de millares de personas han sido detenidas y acusadas de cargos terroristas.
¿Cómo lo ven? Bien verdad. Pues con este panorama en China, el viceprimer ministro del país, Li Keqiang, ha sido recibido por la el gobierno, la oposición y la sociedad española como el gran salvador de nuestra economía.
¿Se imaginan Vds. la que se habría armado si el visitante hubiera sido Raúl Castro, Hugo Chávez, o cualquier otro dictador? Se habría armado la de “Dios es Cristo”. ¡Lo que tendríamos que haber oído de las boquitas del Sr. González Pons y similares!
Pero claro, esto es distinto. “La pela es la pela”.
¡Qué vergüenza!